viernes, 1 de junio de 2018

TUS CALLOS ME DUELEN Juan José Bocaranda E



TUS CALLOS ME DUELEN
Juan José Bocaranda E

¿Puedo sentir el dolor de tus callos, si tus callos son tus callos y míos los míos?  Los humanos hemos estado tan sumergidos en nuestros propios asuntos, que tenemos la impresión de que en el mundo sólo existimos nosotros  y nuestra propia circunstancia. Se trata de una grave falta de consciencia, tanto peor cuanto nos resulta imposible ignorar que también a las demás personas ocupan sus propios asuntos en circunstancias también propias.
Si tener problemas y circunstancias es algo común a todos los seres humanos, se trata de un hecho universal. Y si esto es así, necesariamente estamos unidos, aunque no tengamos consciencia de ello o ni siquiera lo admitamos. Nos vincula  una condición, una propiedad especial: el ser humanos.
Por esto, cuando vivimos en Caracas y nos enteramos de que en San Cristóbal o en Bolívar ha muerto un niño consumido por la mengua como un tallo calcinado por el sol; o un anciano fallece hundiéndose en el remedo del estómago las uñas de la desesperación debido al hambre o a falta  médica; o un joven se extingue en un charco de sangre en un callejón cualquiera de Maracay o Cumaná, sentimos el dolor ajeno como si fuese nuestro.  Y lo sentimos por los niños que huyen de Siria y mueren en el mar. Y por quienes perecen en una inundación o en una avalancha de los Andes. Y cuando tú padeces del dolor de los callos, asumo el dolor de tus callos y también a mí me duelen. ¿Por qué? Porque somos humanos.
Ese lazo, esa red infinita e invisible, espiritual, nos conjuga y nos hace uno. En medio de todo esto resulta contradictorio  que nos separe la Religión, palabra que etimológicamente significa “estar religado a Dios”. Y si una persona se siente religada a Dios, ¿por qué se “desliga” de las demás  personas, cuando en el fondo se trata del mismo Dios? El Dios de todas las Religiones, si buscan el bien y rechazan el mal, es el mismo, aunque se le dé diferentes denominaciones según la religión, la región o la cultura.
Así, pues, nos signa y determina el acento de un denominador común, que es la dignidad humana, causa y razón de ser de la solidaridad.
En adelante, cuando vayas a calzarte para ir a la calle, acuérdate de  sentir a través de tus callos los callos de los demás. Pero, comienza por sentir el dolor de los callos de tu mujer. Porque ella, por el solo hecho de serlo, merece tu amor y comprensión.  Más aun porque la mujer es la flor más hermosa de todo lo creado, por lo que hasta por sus callos le debes consideración y sentimiento, pues se los ha formado sirviéndote a  ti y a los hijos. Mírale las manos:  son tus callos...

lunes, 28 de mayo de 2018

LOS PREDICADORES... (Nocuento) Juan José Bocaranda E


 LOS PREDICADORES...


Juan José Bocaranda E



“En el mundo hay  más “sembradores” que frutos
(Arbonio III).


HAY QUE COMPARTIR

Un predicador vociferaba en la plaza atestada de gente hambrienta:
-Compartir es  la condición para salvar el alma.  Si no compartimos, iremos al infierno.
Un pobre muy pobre pensó: aunque el hambre me está  devorando,  sólo debo mirar hacia el Cielo. Pero, ¿qué puedo compartir para salvarme si sólo tengo perro y sarna? Compartiría mi perro, pero es poco  para tantos. Sumaré  mi sarna con la del perro y habrá más que suficiente. Y salió con el perro a compartir. Pero, como la gente es egoísta, encontró que nadie aceptaba una parte sino  toda la sarna, y él no podría complacerlos, por lo que tuvo que regresar, resignado, a su lugar en la plaza, a convivir con la pobreza, con el perro y con la sarna. Le ofreció al predicador un poco de ésta, y el predicador le dijo: no, que tengo mucha. Mejor dame tu perro, para que salves tu alma. Y el pobre muy pobre  se desprendió del perro y continuó con la sarna.

Otro más pobre aun, pensó: no tengo ni medio perro y aunque me abunda la hipersarna, más dominante es mi miseria. Compartiré con gusto mi miseria y me quedaré con toda la sarna. Y se fue a entregar a cada quien una parte de su miseria. Pero, como  la gente  es muy egoísta, le decía: no quiero un porcentaje de tu miseria, la quiero toda o nada. El muy pobre, entonces, decía: pero si entrego toda mi miseria y no tengo ni medio perro, ¿qué me queda? Regresó a su lugar en la plaza, mas,  empeñado en salvar el alma,  propuso al predicador recibiera una parte de su miseria. El predicador no le respondió,  pero en su fuero interno ya tenía una decisión: compartiría por su parte  la palabra de Dios, que era mucha y le resultaba más barata...


TODO ES...¿APARIENCIA?

Un predicador insistía en la doctrina de las apariencias: el hombre, en la medida en que tiene consciencia de que todo en este mundo es ilusorio, realizará los desapegos en busca del Mundo de la Realidad. Pero, un día amaneció aquejado por gravísimos dolores. El médico le dijo:
-Recuerde que, como Ud. tanto predica,  el dolor no existe, puesto que es sólo apariencia, pura ilusión.
Él respondió:
-Sin embargo siento en la imaginaria rabadilla una apariencia de tizón que me quema como todo un ilusorio cacho de los diablos.


TAMBIÉN EL FUTURO MUERDE

Una predicadora de la nueva era que se soltaba en largas elucubraciones sobre el “vivir sólo el presente”, solía terminar sus exposiciones por televisión con las palabras “Ya lo sabes: no desperdicies las energías pensando en el mañana”. Pero, al llegar a casa encontró una llamada de la Administradora porque estaba retrasada en el pago del alquiler; del Colegio, porque debía dos mensualidades; de la Concesionaria porque tenía acumuladas tres cuotas por la compra del automóvil.
Se fue a su habitación, se recostó en la cama y se dijo con toda firmeza: no desperdiciaré mis energías pensando en esas bagatelas. Debo vivir plenamente mi presente. Pero en ningún momento la realidad de aquellas deudas y sus problemas la abandonaron. Por el contrario, se le acumularon en el subconsciente…: el futuro fue, entonces, su presente…
                  
“El problema no está en creer o no creer. El problema es caer en el dogmatismo,  en la superstición y en el fanatismo, que arrastran a la estupidez”- me dijo Simplicio...

jueves, 19 de abril de 2018

LA RESPONSABILIDAD EN PROPORNER UNA CONSTITUCIÓN MORAL Juan José Bocaranda E




LA RESPONSABILIDAD EN PROPORNER UNA CONSTITUCIÓN MORAL
Juan José Bocaranda E

Al noble pueblo de México, que clama
por un sistema de gobierno recto
y correcto, que haga funcionar
las instituciones conforme al deber ser,
realidad que  sólo puede ser garantizada
por la Ley Moral.

Proponer una Constitución puede hacerlo cualquiera. Proponer una Constitución Moral sólo puede hacerlo quien se entrega con alma sincera a la verdad. Y la verdad, cuando se trata de la realidad político-social de un país, radica en el propósito íntimo y sincero de encaminar todas las actuaciones del Estado y de los funcionarios, a la realización del bien y sólo del bien, en todo momento y circunstancia. Lo demás es hipocresía, falsedad, engaño, demagogia.

No basta proponer una Constitución Moral. Más aun: luce inmoral hacerlo con fines meramente electorales, como “gancho engañoso”.
Una Constitución no es un reglamento deportivo ni una información parroquial. Es un programa trascendental de vida para un pueblo, para un país, y para el futuro y el destino de todos. Por ello debe verterse sobre su propuesta un inmenso sentido de responsabilidad moral,  que implica una reflexión seria respecto a un ente de alcances jurídicos fundamentales.
Si toda Constitución política o jurídica  requiere, debido a su importancia, de una estructura de pensamiento coherente, es decir, de una filosofía constitucional, tal exigencia sube de grado cuando se trata de una Constitución Moral que por causa de su preeminencia axiológica, debe conducir y orientar  la Constitución Jurídica o Política. De ahí que deba  realizarse un estudio detenido de los motivos de la animan, de la estructura posible, de sus relaciones con la Constitución Política o Jurídica,  y de los medios que deben ser utilizados en función definitiva de su razón fundamental de ser, que radica en la realización del bien individual y común, y únicamente del bien
Justamente la falta de consciencia respecto a estas condiciones ha ocasionado el rechazo de muchos mexicanos que  ven en la propuesta de una Constitución Moral una amenaza a su libertad de arbitrio. La forma  descuidada, de evidente irresponsabilidad,  como se ha lanzado la proposición, les lleva a inferir  que se trata del potro de tortura de una nueva inquisición, en un “Estado Teológico y Confesional”. Un cepo que hará de México  una especie de cárcel monacal donde todos los ciudadanos deberán sujetarse a una disciplina de hierro, en un mar de asfixia espiritual y moral.
¡No! Quienes así opinen y teman no tienen consciencia de que  una verdadera Constitución Moral no obliga  a los ciudadanos sino a los funcionarios: tiene por objeto enrumbar a los integrantes del  ESTADO DE CARNE Y HUESO, que son los  funcionarios, para que se ajusten a la línea del Bien, conforme al Principio Superior de Perfección del Orden Moral, que  les impone realizar el bien y únicamente el bien en todas sus actuaciones y en todo momento y circunstancia.
 ¿Es esto perjudicial para los ciudadanos, para el pueblo,  o, por el contrario, es algo bueno, conveniente y necesario en un país  cuya inmensa mayoría son  personas de buena voluntad que claman por un sistema justo, recto y correcto? ¿No desean los ciudadanos honestos la presencia de un funcionario serio, firme, moralmente responsable, que no se ampare en el pretexto del libre albedrío frente al cumplimiento de la ley? ¿Lo que se desea es que “las cosas cambien pero todo siga igual? Pero, ¿qué puede garantizar una mera  Constitución  Jurídica, con un Derecho manipulable e inseguro en manos de políticos sin escrúpulos?¿O puede garantizarlo una” Constitución Moral” apresurada, efímera como toda campaña electoral?
Cuando hablo de una Constitución Moral tengo en mente un instrumento cuyo fin fundamental radica en disciplinar en eficacia al funcionario, para que se ajuste cabalmente a la ley. También tengo en mente, como punto de partida necesario, indispensable, la presencia del Principio Ético, que es la presencia de la Ley Moral en el sistema legal: ley por su signo de obligatoriedad jurídica; moral por su exigencia de principios morales y valores éticos.
Sólo bajo esta condición fundamental puede funcionar una Constitución Moral, cuya alma es la Ley Moral y cuya expresió externa es el Principio Ético, conjugado al Principio Jurídico.
El Principio Ético es eminentemente garantizador: asegura el cumplimiento de la Constitución Jurídica o Política y asegura el comportamiento recto de los funcionarios.
Pero, ¿por qué el Principio Ético es garantizador? Lo es por las razones siguientes: el Principio Ético
1. es endojurídico:  está dentro, no fuera,  del sistema jurídico. Por lo tanto, es norma jurídica, de cumplimiento obligatorio.
2. posee doble fuerza: moral y jurídica. No pierde su naturaleza moral y al mismo tiempo es jurídicamente obligarorio.
3. es bifactorial: implica la coexistencia de dos factores: Principio Ético+ Principio Jurídico.
4. es ubicuo, pues está implícito en todos y cada uno de los artículos de la Constitución Jurídica o Política y en todos y cada uno de los artículos de las demás normas, desde las legales hasta las reglamentarias, así como en las resoluciones ministeriales, en las ordenanzas municipales, en todo acto administrativo y en toda decisión judicial.
5. es plenamente perspicaz: nada escapa a su poder de vigilancia y de control.
Otros atributos del Principio Ético: es autónomo, intangible, sancionador, intangible, insobornable, inexorable, exigente, aleccionador.
Cabe destacar que el Principio Ético es el eje de la espiral ética del Estado Ético de Derecho. Es el ojo del tornado moral del Estado ( si es que los tornados tienen “ojo” como el huracán)...
Si un funcionario viola el Principio Ético y éste y el de más allá. No importa. Porque está presente la acción vigilante de cada ciudadano...hasta que se cumpla la Justicia Moral.
Sí. Los que tienen que preocuparse ante estas exigencias, son los funcionarios. No los ciudadanos, a quienes corresponde vigilar, actuar, denunciar y hacer que se cumpla la ley.
¿Lo que se quiere no es una ley eficaz y un funcionario eficiente en un Estado efectivo?
¿Sí? ¡Pues impúlsese una Constitución Moral VERDADERA...

domingo, 1 de abril de 2018

¿COMPRAR BURRO O CONSEGUIR ESPOSO? Juan José Bocaranda E


¿COMPRAR BURRO O CONSEGUIR ESPOSO?

Juan José Bocaranda E

Para las mujeres casquivanas...
En el mundo, la apariencia reina con evidente despotismo en contra de lo real. Por esto nada más adecuado para la política que la apariencia. Como escribiera Maquiavelo, en los políticos todos ven lo que éstos aparentan y muy pocos advierten lo que en realidad son.
La apariencia funciona plenamente en la mayoría de las mujeres. En las encuestas para que expresen cuál es en su opinión la cualidad más importante que quisieran hallar en su “hombre ideal”, para toda la vida, por lo general la respuesta resulta siempre la misma: la apariencia física.
Las cualidades morales, como la bondad, la responsabilidad, el respeto, la consideración, suelen quedar en tercer lugar, pues el segundo corresponde a los ingresos económicos. Lamentablemente, muy tarde la mujer viene a percatarse de que la apariencia física no es lo fundamental sino que existen aspectos de mayor importancia, que no fenecen o se marchitan como la lozanía física, víctima evidente del correr del tiempo.
Cuando la atención se centra únicamente en el vigor sexual se desemboca en lo que Wilhelm Stekel llama “matrimonio rojo”: al cesar la pasión la relación decae y llega el final.
Muchas mujeres no quieren comprender que el concepto de hombre debe ser pleno. Cuando es parcial o incompleto, revientan las fallas y llega el fracaso. La relación se resquebraja, el saco se rompe por las costuras.
El hombre es, en conjunto, un ser bio-psico-social, cultural, moral y espiritual, aspectos que la mujer, si fuese consciente, racional, previsiva, debería considerar para no caer en los lamentos... (ni en las “mentadas”).
Conseguir un hombre, un esposo bueno, no es comprar un burro. Cuando alguien desea comprar un burro, no se plantea cuán inteligente, bondadoso y fiel pueda ser. Únicamente le interesa si es fuerte para cargar. Por aplicar este criterio erróneo, meramente físico, la mujer inconsciente, superficial y casquivana, comete una terrible estupidez, pues buscando un marido voluminoso, sólo encuentra un burro, aunque sólo tenga dos patas.