domingo, 12 de febrero de 2017

LOS POLÍTICOS, “FORJADORES DE LA HISTORIA DIARIA” Juan José Bocaranda E



LOS POLÍTICOS, “FORJADORES DE LA HISTORIA DIARIA”
Juan José Bocaranda E

El delirio de grandeza pudre de tal manera la conciencia de los gobernantes, que los enceguece y les impide pensar cuántas desgracias provocan en la vida de los gobernados, hasta en los más pequeños detalles.

Como somos admiradores de la “grandeza” de LOS POLÍTICOS y de la “labor de patria” que realizan a diario, sacrificando vida,  salud y tranquilidad por el bienestar y la felicidad de los pueblos, consideramos conveniente  transcribir el texto siguiente, que los retrata de cuerpo entero y en forma excelente: nos referimos a “La Granja Humana”, obra del  eminente escritor Salvador Freixedo, cuya autorización para publicarlo presumimos teniendo en cuenta que al hacerlo estamos contribuyendo, -sin fines de lucro-, a un mayor y mejor conocimiento de la ralea de esos sujetos.
Freixedo anota que “los políticos, los militares, los maníacos del dinero y los fanáticos religiosos son los forjadores de la historia diaria; los dueños visibles de este mundo;  los causantes de las infantilidades y los horrores que los periódicos del mundo entero recogen con prontitud y nos presentan con alborozo todas las mañanas en sus primeras planas”.

Nos permitimos subrayar algunas frases.

Refiriéndose a LOS POLÍTICOS, escribe:

“Los políticos son unos maníacos del poder puro. No gustan de las armas ni de la violencia física, pero les gusta mandar. Les encanta ser vistos, ser tenidos en algo, ser consultados. Por eso se derriten de gusto ante las cámaras de televisión o ante un micrófono. Tienen por lo general personalidades psicopáticas; sienten que les falta algo dentro de sí y por eso quieren vivir en olor de multitudes. Temen y aman a los periodistas porque éstos tienen el poder de destruirlos o de convertirlos en ídolos de la sociedad. Y a su vez los periodistas —incluidos los directores de los diarios— tienen debilidad por los políticos, porque son como los bufones nacionales que les proporcionan gratis todos los días noticias frescas con las que llenar las páginas que serán devoradas con avidez por la masa de papanatas seguidores de partidos.
Algún día alguien tendrá que hacer un estudio psicoanalítico de la curiosa simbiosis periodismo-política y más concretamente periodista-político. Se aman y se odian; se necesitan y se detestan; se construyen y se destruyen mutuamente. Ahí están los recientes casos «gate»: los políticos engañando a los periodistas y éstos destruyendo a los políticos. Pero a la larga no pueden vivir los unos sin los otros. Son los amantes de Teruel.
Se ha dicho que el poder corrompe especialmente a los políticos. Pero esta corrupción no se refiere precisamente al mal uso o a la apropiación de fondos ajenos, sino al cambio total de mentalidad y costumbres que en ellos se opera una vez instalados en los puestos en los que se hacen invulnerables. Se corrompen porque dicen sí a cosas a las que antes habían dicho de entrada que no; se corrompen porque no cumplen lo que habían prometido y porque usan la demagogia igual que sus predecesores; y los más encumbrados se corrompen porque pierden por completo el contacto con el pueblo y ya no defienden tanto los intereses de éste cuanto los propios y los del partido, y su gran meta se convierte en mantenerse en el poder. Por eso, viendo la frecuencia con que esta metamorfosis se da en los políticos una vez que cogen el mando, uno llega a pensar que no es que el poder los deforme, sino que ya llegan a él deformados. Pero —buenos o malos— la verdad es que los políticos tienen un enorme poder para torcer o enderezar los rumbos de la sociedad y aun para hacer feliz o desgraciada la vida de los individuos.

En las alturas, el político profesional pierde la perspectiva de la sociedad y la ve de una manera completamente diferente. Le sucede lo que a los que van en avión: desde arriba ven las cosas de una manera distinta; en cierta manera mejor y en cierta manera peor. No reconocen los lugares que desde abajo conocen muy bien, porque desde arriba no se ven las fachadas de las casas; sólo se ven los tejados. Desde las alturas del poder no se ven las caras de la gente y sus necesidades diarias y concretas; se ven sólo los déficits de los presupuestos. No se ve al individuo; se ve la sociedad, la nación, el Estado. El hombre concreto se difumina, se pierde, y el político se olvida de él, flotando como está en nubes de coaliciones, alianzas, pactos y de luchas para mantenerse en el puesto.

Los políticos que llegan a las grandes alturas organizan con frecuencia viajes rituales de visitas mutuas, con gran pompa y acompañamiento, ofreciéndose ramos de flores, solemnes recepciones con pases de revista a filas de pobres esclavos en-fusilados, discursos en estrados alfombrados, y grandes banquetes. En esto nunca fallan. La parte más importante de estas visitas de Estado y las serísimas reuniones de trabajo de los grandes estadistas radica en un gran banquete en el que no se repara en gastos. Ya no se acuerdan de que los que pagan esos banquetes son sus convecinos; pero ellos hace tiempo que no tienen convecinos, porque se aislaron del pueblo común y viven en casas apartadas y muy bien custodiadas. Lo único que tienen es compañeros de partido o de candidatura electoral. Ellos creen que quien paga esos banquetes es «Hacienda», que es sólo una palabra; y además ya han tenido la precaución de incluirlos en el «Presupuesto General del Estado» que son otras tres palabras impersonales.

Los políticos, desde las alturas del poder, se olvidan que lo que los hombres y mujeres de su nación y los del mundo entero quieren ante todo es paz, pero ellos gastan millonadas en comprar armas para tener tranquilos a los militares. No se acuerdan de que lo que los hombres y mujeres piden, después de la paz, es un puesto de trabajo y los políticos destinan miles de millones a obras suntuarias, a palacios de ópera —para que se deleiten unos pocos que no trabajan—, a conmemoraciones de descubrimientos, a préstamos a sus amigos políticos de otros países, mientras millones de hombres concretos, conciudadanos suyos en otro tiempo y para los que los aniversarios de descubrimientos y las óperas suenan a música celestial, siguen padeciendo su incultura, arrastrando su desesperanza por las calles de nuestras ciudades y mendigando mensualmente la limosna estatal. Pero la gente normal no quiere limosnas; quiere un puesto de trabajo para ganarse su pan.

Los políticos desde sus alturas megalomaníacas no caen en la cuenta de que es un tremendo error que en una familia se le compre un piano a uno de los hermanos cuando hay otro que no
come lo suficiente.

Hace años hice un terrible descubrimiento, una tarde gris, a la puerta de las Naciones Unidas en Nueva York, después de una gran recepción de gala: salían los embajadores de las diversas naciones, y cuanto más miserable era el país que representaban,
más elegante era el «Cadillac» de su embajador.

Es cierto que los políticos no son los dueños totales de este mundo y tienen que compartir el poder con los otros miembros de la «fraternidad negra» —como dicen los esotéricos—, pero ¡cuánto mejor irían las cosas si llegados al poder no se deshumanizasen tanto! “

Es nuestro deseo que cada quien saque sus propias conclusiones. Pero que no por eso pierdan la fe ni la confianza en la sinceridad, la abnegación y las siempre mejores intenciones de esos especiales especímenes de la ralea política, gracias a cuyos esfuerzos y sacrificio, el Mundo vive tiempos de paz, justicia y bienestar. La Humanidad se prosterna ante LOS POLÍTICOS, honrada y agradecida, porque gracias a su alta moralidad la Humanidad avanza y asciende.
¡Malditos!




 



jueves, 9 de febrero de 2017

Menú rápido ¡A DIVERTIRSE! Juan José Bocaranda E






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¡A DIVERTIRSE!
Juan José Bocaranda E

Si se hiciese una encuesta entre el gentío que integra la Humanidad, la inmensa mayoría opinaría que hemos venido a este planeta sólo para divertirnos. Y es porque el mundo de la diversión está repartido por partes iguales entre los payasos y el hatajo de idiotas que escuchan y disfrutan de sus estupideces. Con el plus de que los payasos pueden tomar asiento como espectadores y los espectadores pueden, a voluntad, hacer  de payasos, en una democrática inversión de las funciones de la estupidez.
Una de las manifestaciones de la tónica de una estupidez universalizada, la constituyen las conciertos al aire libre. Allí, durante largas horas, se concentran miles de jóvenes para escuchar canciones tontas entonadas por cantantes mediocres, cuyas voces son subsanadas por los aparatos de sonido, en medio de luces y colores impresionantes. Nada más.
Se dirá que afirmamos estas cosas porque somos viejos y obsoletos y porque tenemos un pie en la sepultura. Lo cual puede ser cierto...aunque muchos muchos jóvenes ya tienen los dos  en la fosa...y ni siquiera se dan cuenta...
En todo caso, el ser joven ni quita, ni resta, ni justifica la estupidez, y el ser  viejo no la incrementa



martes, 7 de febrero de 2017

Menú rápido CÁLCULOS ERRADOS. MUJERES CUANTITATIVAS... Juan José Bocaranda E





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CÁLCULOS ERRADOS. MUJERES CUANTITATIVAS...
Juan José Bocaranda E

La mayoría de las mujeres son más cuantitativas que cualitativas. Para establecer si aceptan  a un hombre como esposo o amante, se fijan únicamente en la estatura física y en la esbeltez del sujeto. Seguidamente - todo con rapidez de instantes- se abocan, con calenturienta imaginación, a realizar mediciones y cálculos infinitesimales para estimar “senos y cosenos en relación con la hipotenusa”, Llega el momento de decidir, y optan por la unión...Pero no tardan en llegar los problemas, que se van agravando día tras día...Es entonces cuando se dan cuenta de que en aquellos cálculos astronómicos no incluyeron aspectos básicos para que pueda funcionar una unión firme, duradera y fructífera: los aspectos psicológicos, psico-sociales, culturales, morales y espirituales del sujeto, cuya ausencia les dice, finalmente, que han estado conviviendo con un iguanodonte “pico de pato” ,que son de los peores de la espece, porque son puro buche...

jueves, 12 de enero de 2017

MENÚ RÁPIDO LA CARGA DE LOS FANATISMOS Juan José Bocaranda E





MENÚ RÁPIDO
LA CARGA DE LOS FANATISMOS
Juan José Bocaranda E

Alguna carga extremadamente pesada deben llevar en el alma ciertas personas, para ser feroces adictas al fanatismo político o religioso. Parece que quisieran asfixiar con exageraciones graves remordimientos de conciencia.

lunes, 2 de enero de 2017

MENU RÁPIDO. EL PATRIOTISMO DE LOS PATRIOTEROS. Juan José Bocaranda E






MENU RÁPIDO.
EL PATRIOTISMO DE LOS PATRIOTEROS.
Juan José Bocaranda E

Si lo que voy a decir son “cosas archisabidas”, ¿por qué la persistencia en los errores? Si los errores persisten, es porque reinan la indiferencia y la oportunidad de la pesca en río revuelto.
La esencia de la política es una sola: el engaño. Y así viene desde el fondo de los tiempos, cuando los primeros trogloditas políticos o políticos trogloditas, hicieron su aparición y comenzaron sus bandolerías.
Y como se trata de una esencia, permanece en sí, a menos que algún día de bendiciones para la Humanidad, se transmute por obra de una profunda conciencia moral. Como esto no tiene ni asomos de que vaya a ocurrir todavía, es preciso repetir hasta el cansancio esas “cosas archisabidas” que justamente los políticos no querrían que se mencionasen, como lo haré a continuación, aunque ello sea como arar en el mar...En todo caso, cumplo mi pequeño papel de responsable...
He dicho-como solían terminar las peroratas los viejos arzobispos...

El llamado PATRIOTISMO suele estar reducido a un montón de frases bobas y de consignas fraguadas por los intereses, siempre torcidos, de los políticos, que se aprovechan de la realidad para su propio beneficio. Esfumado el palabrerío, la “patria” se ve en su real estatura de escombros, de los escombros dejados por los aprovechadores, que se largan millonarios del país al que han envilecido y arruinado. Los tontos útiles, la “comida rápida” de los embusteros, quedan en el abandono, burlados como lo tienen merecido por tanta imbecilidad.
Y así, ciclo tras ciclo, la rueda de la (mala) fortuna en el tarot de los pueblos, que viven de los engaños porque les agrada ser engañados. ¿Masoquimo ancestral o estupidez a ultranza?
...
¿Cosas “archirrepetidas”. Sí. Y eso es lo peor: que sigan ocurriendo...